LiMAC por Productora



 
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No se aplican restricciones
Ruth Estévez

Si buscamos el significado de la palabra "curador" desde su raíz etimológica [curatela] es "aquel individuo que esta cargo de los bienes de los niños y los locos". Este término, aplicado a la práctica curatorial artística tiene un significado diferente, pero no deja de tener sentido ya que se ocupa de dos caracteres muy bien ubicados en el mundo infantil y en el paradigma de la locura: el curador tiene como una de sus posibilidades de acción, crear discursos visibles cartográficamente en el museo, fuera de exigencias funcionales, comportamientos convencionales, estructuras oficiales e incluso bajo una perspectiva atemporal.

EL LiMac parece el lugar propicio para este tipo de opción curatorial. Concebido como un espacio fuera de la ciudad, tampoco podemos entenderlo como enclave que pueda desviar la atención hacia la periferia. Enterrado en el "desierto Peruano", su autonomía como ejercicio arquitectónico predomina por encima de cualquier otra característica de sitio específico. Y aunque es cierto que pueda tener ciertas reminiscencias arqueológicas/antropológicas acoplables al pasado prehispánico, el paralelismo no deja de resultar anecdótico. El LiMac es un espacio concebido bajo perspectivas espaciales y pensado como un gesto absoluto que juega con la grandiosidad del paisaje y sus alegorías geográficas.

Curatorialmente es interesante entender el white cube del LiMac como un cuadrilátero para intervenciones in situ. La repetición del mismo esquema variando la escala de los habitáculos, proporciona un juego constante con el concepto dentro-fuera. Obliga a desdibujar la noción de recorrido, o todo lo contrario, encuentra en su entramado laberíntico la ecuación del orden.

Cada exposición es un mapa. Como tal, no solamente separa, define y describe un sitio particular, resaltando sus rasgos principales y puntos significativos y omitiendo o simplificando otros, sino que también representa el territorio de acuerdo con un método de proyección: un juego de convenciones y reglas bajo las cuales el curador construye el recorrido. En el caso del LiMac, el protagonismo del espacio se adhiere a la trama de relaciones, obstaculizando o ayudando -dependiendo de la habilidad del curador- el guión de los proyectos.

Los cuartos autónomos insertados en el cubo no tienen que acoplarse necesariamente al concepto de división espacial que una exposición necesita. El sistema de fraccionar el espacio en tantas regiones como artistas o exposiciones haya, fue una modalidad que funcionó consecuentemente durante los setenta, pero, tras la desaparición de movimientos definidos y dada la heterogeneidad de las propuestas contemporáneas -y la "no-especialización" del artista respecto al medio a utilizar- se ha vuelto cada vez más necesario un hilo conductor del planteamiento expositivo. Si pienso en el LiMac como un espacio vivo que abre las puertas a una gran diversidad de manifestaciones artísticas contemporáneas, tal vez sea el esquema ideal para la fabricación de nexos. Cada sala, de forma quebrada, sirve para crear un espacio continuo, pero diferenciado espacialmente, que se extiende a las otras salas conectadas por pasillos, entendiendo éstos no como intersticios, sino como parte de la exposición, propiciando visiones longitudinales, transversales y diagonales.

Con el LiMac, también se podría jugar a la opción del "poder curatorial"; pero en este caso, no se trata de excluir del espacio de exposición legitimando una opción sobre otra, sino obstaculizar en la mirada del espectador, aquello que se ve de un solo golpe de vista en el cuadrilátero de acción y lo que permanece escondido en las "salas" de este museo. ¿qué se queda en los pasillos y que permanece en el interior de las habitaciones? Podría dar lugar a microexposiciones. A macroexposiciones individualizadas.

Es todo un reto curatorial comprometerse con esta retícula geométrica que empieza siendo un bosque de columnas, para pasar a convertirse en un salón con pérgolas independientes. Sin embargo y a pesar de la contundencia de este fractal matemático, las reglas del juego parecen inagotables.

Obviamente, el LiMac, es sobre el papel, una utopía y como tal no puede fracasar mientras se mantenga en el limbo de la no existencia. Porque así se podrá seguir utilizando como arma ideológica (la construcción de un necesario museo de arte contemporáneo en Lima), al mismo tiempo que conserva su aura secreta, como epígrafe subterráneo de un desierto.

Ruth Estévez (Bilbao. 1977) Es crítica de arte y curadora independiente. Su trabajo se ha dirigido al estudio de las prácticas artísticas en espacio público. Da clases en la Universidad Iberoamericana.

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